Un Plan de Tres Puntos para Ginebra 2000

El Consejo Internacional del Bienestar Social (CIBS) es una organización mundial no gubernamental que promueve el bienestar, el desarrollo y la justicia sociales en todo el planeta. Fundada en París el año 1928, en la actualidad cuenta con miembros ubicados en más de 80 países.

A lo largo de los últimos dos años, el CIBS ha consultado a sus miembros y a muchas otras organizaciones de la sociedad civil sobre los progresos realizados en la aplicación de los compromisos acordados en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social y, también, acerca de las prioridades que todas esas organizaciones tienen en cuanto a las acciones a emprender en el futuro. En concreto, hemos realizado más de veinte foros regionales y mundiales de la sociedad civil y hemos publicado informes sobre muchos de ellos en nuestra serie de Documentos de Copenhague. Además, el próximo mes se celebrarán tres foros más.

Muchas de las prioridades identificadas en esas reuniones están relacionadas con las acciones a escala local y nacional. Sin embargo, esta declaración se refiere especialmente a las prioridades que atañen a los ámbitos regional y mundial, sobre todo a las que desean promover entornos favorables al desarrollo social. Entre el amplio espectro de medidas que deben llevarse a cabo, nosotros hemos identificado tres prioridades obligatorias en las que creemos que debería concentrarse la Sesión Especial de Ginebra. Cada una de ellas pretende provocar mejoras sustanciales a largo plazo, fundamentalmente de naturaleza preventiva, en lugar de concentrarse en respuestas más estrechas orientadas al corto plazo.

Las prioridades del Plan de Tres Puntos del CIBS para Ginebra 2000 se refieren a:

  • La adopción de un Pacto Internacional contra la Pobreza.
  • El establecimiento de Normas Internacionales para el Desarrollo Social.
  • El desarrollo del sistema de ECOSOC.

Esta declaración da más detalles sobre cada una de estas prioridades.

 

UN PACTO INTERNACIONAL CONTRA LA POBREZA

En la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en 1995, se identificaron unos objetivos específicos contra la pobreza a los que no se les dio gran relevancia en el acuerdo final. No obstante, al año siguiente la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), compuesta por los principales países donantes, acordó que para el año 2015 habría que alcanzar una serie de Objetivos de Desarrollo Internacional. Estos objetivos son:

  • disminuir a la mitad el porcentaje de población que vive en condiciones de extrema pobreza;
  • lograr una educación primaria universal;
  • eliminar la disparidad entre sexos en la educación primaria y secundaria (para el año 2005);
  • reducir en dos tercios las tasas de mortalidad de la población infantil menor de 5 años;
  • reducir en tres cuartos las tasas de mortalidad materna;
  • lograr el acceso universal a servicios sanitarios genésicos adecuados;
  • recuperar los recursos medioambientales perdidos a escala mundial y nacional.

Estos objetivos, al contrario que otros más atractivos sentimentalmente como la total eliminación de la pobreza, podrían lograrse para la fecha objetivo del año 2015. El periodo de 15 años es lo suficientemente extenso como para que las iniciativas necesarias logren importantes mejoras, y no es excesivamente largo como para que haya una tendencia a la dejadez. Sin embargo, para que se obtengan los resultados a tiempo deben iniciarse inmediatamente importantes acciones.

No hay ninguna probabilidad de lograr estos objetivos sin que los países más ricos y las instituciones financieras internacionales controladas por ellos se comprometan a fondo a aportar recursos y otras ayudas. Es razonable pensar que, puesto que fueron ellos los que establecieron los objetivos, esos mismos países deben estar deseando proporcionar el apoyo necesario. Si no lo hacen, los objetivos se verán rápidamente como imposiciones injustas e inalcanzables para los países en vías de desarrollo, y no como compromisos realistas y recíprocos de todos los miembros de la comunidad internacional.

Este concepto de los compromisos recíprocos podría aplicarse estableciendo un Pacto Internacional contra la Pobreza que comprenda tanto a los países desarrollados como a los en vía de desarrollo, así como a instituciones financieras internacionales. El Pacto implicaría comprometerse en el capítulo de las aportaciones y en el de los resultados especificados en los Objetivos de Desarrollo Internacional.

Las aportaciones acordadas podrían incluir calendarios específicos para aliviar más la carga de la deuda, lograr el porcentaje de referencia del 0.7 en la ayuda oficial al desarrollo, aumentar el apoyo de instituciones financieras internacionales clave y establecer el principio 20:20. Podría adoptarse un sistema coordinado de impuestos nacionales sobre transacciones financieras internacionales y algunos otros servicios también internacionales, que los países donantes y los países en desarrollo destinarían a financiar sus compromisos del Pacto. El Pacto también podría incluir formas específicas de reglamentación financiera orientadas a aumentar el acceso de los países en vías de desarrollo a niveles sostenibles de inversión financiera productiva, en detrimento de las especulaciones volátiles perjudiciales.

El CIBS insta a los gobiernos a que aprueben los elementos claves del Pacto en la Sesión Especial de Ginebra y formen un grupo de trabajo para preparar un borrador detallado que sería estudiado y ultimado en la Sesión del Milenio de la Asamblea General que se celebrará más tarde, este mismo año. El ECOSOC debería responsabilizarse principalmente de facilitar y supervisar la realización del Pacto, y la Asamblea General tendría que aceptar examinar la ejecución del mismo cada año, el Día Internacional de la Pobreza (el 17 de Octubre).

 

NORMAS INTERNACIONALES PARA EL DESARROLLO SOCIAL

La Carta de Naciones Unidas inviste claramente a la Asamblea General y al Consejo Económico y Social del poder necesario para desarrollar y acordar las normas internacionales orientadas al desarrollo social. Muchos de los principios y de las normas relacionados con el desarrollo social han sido ya aprobados por dichos organismos o por otras estructuras del sistema de Naciones Unidas. Algunos de ellos son jurídicamente vinculantes (como el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales), otros tienen un grado cuasi vinculante (como la Declaración sobre los Principios y Derechos Fundamentales del Trabajo de la OIT) y, en fin, hay otros que no son más que una aspiración.

En primer lugar, existe una clara necesidad de mejorar el perfil, el estado y la ejecución efectiva de algunas de estas normas ya existentes. Esto se conseguiría si las de especial valor e importancia se incluyesen, sin renegociación, en un nuevo marco de trabajo especial de las Normas Internacionales para el Desarrollo Social. Podría acordarse que, bajo la supervisión general de ECOSOC, el sistema de Naciones Unidas y los sistemas gubernamentales nacionales dieran una prioridad especial al seguimiento y aplicación de estas Normas. También podría aprobarse explícitamente que las Normas sean vinculantes para todas las organizaciones intergubernamentales, formen o no parte del sistema de Naciones Unidas.

En segundo lugar, existe una clara necesidad de refinar algunos acuerdos ya existentes antes de incluirlos en la categoría de Normas Internacionales para el Desarrollo Social. Esto podría implicar, por ejemplo, el desarrollo de normas que incluyan variaciones explícitas según determinadas circunstancias, tales como el nivel general de desarrollo nacional. Este enfoque podría aplicarse, por ejemplo, a las normas de la OIT respecto a la seguridad social y a las condiciones de trabajo.

Tercero, es esencial reconocer que las políticas y prácticas económicas tienen con frecuencia un profundo impacto en el desarrollo social. Por tanto, las Normas Internacionales para el Desarrollo Social deben cubrir aspectos clave de temas como fiscalidad, reglamentación financiera y conducta de las empresas, que tienen importantes impactos sociales. La reciente reunión de la Organización Mundial del Comercio demuestra la necesidad de tener en cuenta una extensa y equilibrada gama de intereses y experiencias en el desarrollo de dichas normas.

ECOSOC tiene tanto el poder legal como la responsabilidad de supervisar el desarrollo y cumplimiento de las Normas Internacionales para el Desarrollo Social. Esto podría llevarse a cabo encargando a organizaciones intergubernamentales la preparación (individual o conjunta) de borradores de Normas en determinadas áreas, que serían presentados al ECOSOC con objeto de que este organismo diera su aprobación final. Esto proporcionaría una estructura flexible dentro de la cual, por ejemplo, las normas referentes a una área con impactos sobre el comercio, el medio ambiente, el trabajo y las necesidades humanas básicas, podrían redactarse y ultimarse de forma cooperativa y equilibrada.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional solicitaron recientemente a ECOSOC que desarrollase paquetes consensuados de principios y prácticas de política social. Esto prueba claramente que ECOSOC debe tomar la iniciativa en el desarrollo y la supervisión de una estructura de Normas Internacionales para el Desarrollo Social. No obstante, es esencial que las Normas reconozcan un grado legítimo de variación según las circunstancias nacionales y que vengan acompañadas de un Pacto contra la Pobreza que garantice la provisión de recursos y otras ayudas provenientes de países ricos.

El CIBS insta a los gobiernos a que apoyen a ECOSOC en el desarrollo progresivo de un marco de trabajo amplio de Normas Internacionales para el Desarrollo Social que se ocupe de los aspectos básicos de las políticas y prácticas económicas y sociales.



DESARROLLO DEL SISTEMA DE ECOSOC

El Consejo Económico y Social tiene algunas capacidades únicas que lo cualifican para asumir el liderazgo en política económica y social internacional, para el que está facultado en virtud de la Carta de Naciones Unidas. Representa a todos los países, en vez de estar controlado por los que son ricos y poderosos. Sus tareas abarcan asuntos económicos y sociales y tiene la responsabilidad última de muchos de los organismos intergubernamentales importantes.

Sin embargo, hasta la fecha, ECOSOC ha fracasado claramente en la asunción de sus responsabilidades y de su potencial. En parte debido a la constante oposición de la mayoría de los poderes económicos más importantes y en parte provocado por la falta de determinación pragmática de los países que se verían más beneficiados si ECOSOC fuese más eficaz. Aparte de algunas mejoras útiles realizadas en los últimos años, aún queda mucho más por hacer para reforzar el sistema de ECOSOC.

Primero, es esencial que ECOSOC refuerce el tamaño, papel y efectividad de su Oficina, o que desarrolle algunos otros mecanismos que permitan realizar acciones rápidas, enfocadas y enérgicas sin tener que convocar un pleno del Consejo de más de 50 miembros. Esos grupos más pequeños podrían estar formados por un máximo de 20 miembros seleccionados en circunscripciones regionales, previamente reorganizadas para reflejar las realidades actuales y el legítimo interés común. También es esencial que un número considerable de países importantes, tanto desarrollados como en vías de desarrollo, postulen para ser elegidos en puestos clave de ECOSOC y destinen a ellos representantes de alta calidad.

Segundo, es esencial que se usen efectivamente las oportunidades desarrolladas en los últimos años para una mayor interacción con los líderes de las instituciones de Bretton Woods y de la Organización Mundial del Comercio. Estas oportunidades se desperdiciarán en su mayoría, y a la larga desaparecerán, a menos que se siga aumentando su intensidad, especificidad y frecuencia. También es importante que ECOSOC colabore estrechamente con nuevos grupos que podrían llegar a ser de gran importancia mundial. Esto se aplica especialmente al nuevo Grupo de los 20, el cual posee varias características deseables en su composición, pero sólo trata estrictos intereses económicos, sin contenido social, y no contempla la representación de países medianos o pequeños.

Tercero, ECOSOC necesita colaborar más estrechamente con grupos regionales que se han desarrollado fuera del sistema de Naciones Unidas. Su estructura regional actual no refleja adecuadamente la realidad, habiendo otros grupos regionales como la Unión Europea, la Comunidad para el Desarrollo del África Austral y la Asociación de las Naciones del Sureste Asiático que los más altos niveles de gobierno consideran generalmente mucho más pertinentes. El desarrollo de fuertes interacciones regionales a través de estos grupos puede ayudar a encontrar el equilibrio adecuado entre los beneficios e imperativos de la internacionalización por una parte, y la necesidad de flexibilidad y sensibilidad ante las circunstancias y culturas locales por otra. Pero es de gran importancia que éstos operen dentro de una estructura mundial efectiva del tipo de la que ECOSOC debería ofrecer. Un paso útil en esa dirección sería que ECOSOC estableciese una consulta regional anual en el marco de su reunión anual, incluyendo a estos grupos y a las propias comisiones regionales de ECOSOC.

El CIBS insta a los gobiernos a que propongan y ratifiquen cambios de este tipo para que las estructuras y operaciones de ECOSOC le permitan cumplir con su importante carta de responsabilidades, incluyendo el desarrollo y la supervisión del Pacto contra la Pobreza y de las Normas Internacionales para el Desarrollo Social que se han propuesto.